martes, 6 de diciembre de 2016

Magia







       Hay seres con luz interior, se les escapa a través de la mirada.
       A veces coincido con alguno de ellos.
    Vivo sumergida en un mar de miradas grises y de repente me fijo en unos ojos y se crea la magia. Me transmiten esa energía positiva que a veces siento haber perdido. Me recargan. Un café, una conversación, un abrazo y listo, me dejan nueva. Se diluyen los problemas. Me hacen reír un rato.
      Si tu vida te cruza con algún ángel sin alas, no lo dejes escapar. Aprovecha su generosidad y recarga tus pilas. Empápate de su poder.  

sábado, 6 de agosto de 2016

Con los poros abiertos




      Mi abuelo Félix, que rondaba los 90 años al morir, siempre me decía: "ojalá pudiera tener tu edad otra vez, pero sabiendo lo que sé hoy" Escuchar eso me producía una sensación agridulce. No sé si es la edad o las experiencias que me sacuden a diario pero últimamente tengo la sensación de haber descubierto uno de los secretos de la vida, posiblemente uno de aquellos que él lamentaba no haber puesto en práctica desde joven. 
      Y es que la vida no se explica con palabras, la vida se vive. Con sus malas pasadas, con sus complicaciones, con las agendas apretadas y la falta de aire. Con sus recompensas, sus buenos ratos, las buenas amistades y la piel erizada. 

      Quiero respirar hondo cada instante.
      Quiero atender plenamente a cada momento.

      Tengo los poros de mi piel abiertos al máximo porque no quiero perderme ninguna mirada, ninguna risa, ningún olor, ningún llanto, ningún beso, ningún abrazo.

      Sé que es muy atrevido para mi. 
      Sé que mi corazón de porcelana se romperá mil veces más. 
      Sé que mis pensamientos caóticos se agolparán para advertirme de los mil peligros que corro. 
      Sé que los escucharé y aceptaré el vértigo.

      No quiero que pase mi vida y sentir que he vivido sin estar viva.
      No quiero morir vieja, quiero morir llena.

      Ya os contaré. 
      Gracias por seguir aquí. 

Ilustración del artista uruguayo Corta la Bocha

miércoles, 20 de abril de 2016

Una tarde cualquiera en el supermercado...




      Sol, parque, momento álgido de actividad y de vuelta a casa la menda puede decidir parar en un supermercado, ¿por qué no?
      Mientras buscamos aparcamiento mi cerebro femenino escanea todos lo detalles a kilómetros a distancia: salidas de emergencia, puertas automáticas, un señor mayor indigente que se escarba en la nariz con su mano derecha y se extrae un espécimen de metro y medio mientras sostenía su cartelito con la otra mano ($%+¨¿¨_&?*)... 
      
      Dentro del supermercado nuestra experiencia obliga a que el padre de las criaturas se quede conteniendo a los enérgicos mientras yo corro comoalmaquellevaeldiablo por los pasillos para acabar cuanto antes la hazaña sin ser reconocidos de por vida como clientes non gratos. 

      Puedepasarypasa que el pequeño salvaje confiese al llegar a la caja que cuatro cosas las ha echado él sin preguntar o que se empeñe en probar como capta el infrarrojos los códigos de barras y para ello pase los chicles cuatro veces mientras paga la señora de alante (que por cierto se llevó un tiquet kilométrico debido a las múltiples anulaciones). Y también puedepasarypasa que le indique a la bendita en qué botón rojo (debajo de la caja registradora) se apaga la cinta negra por lo que de golpe dejen de funcionar las cajas contiguas y tengamos que correr a sacarlos de debajo. 

      Y cuando están todas las bolsas en el maletero, una al fin se relaja en el coche observando plácidamente cómo padre e hijos dejan el carrito en su sitio y se acercan al anciano de la puerta para darle la moneda (¡que monos!).  Y puedepasarypasa que el hombre agradecido empieza a chocar la mano obrera con los dos pequeños (mocopauno y mocopaotro) por lo que se activa el mecanismo maternal  buscador de toallitas y/o solución alcohólica por el coche y salgo haciendo aspavientos para que se dieran prisa en volver, pero más prisa se dio la mano del pequeño salvaje para meterse en su boca tranquilamente mientras caminaba, dejándola sin un solo germen que limpiar.

      Lo sé. En este cruce de flora es probable que tenga las de perder el anciano. Y que los niños así se inmunizan. Pero la que no me inmunizo soy yo por lo que creo que salvo catástrofe no volverán a un supermercado probablemente hasta que los que conduzcan sean ellos.

Imagen de aquí. 

lunes, 18 de abril de 2016

Un tarde cualquiera en natación

     



       Sucede que una tarde cualquiera de mi vida voy a natación con mi bendita (cada vez menos bendita) y el pequeño salvaje (cada vez menos pequeño). Si estamos de suerte y esa tarde y estamos mi santo esposo y yo disponibles, el momento ducha puede llevarse a cabo en el gimnasio. Si no, por experiencia carnal, es preferible esperar a llegar a casa donde el terreno es familiar y podemos luchar ducharlos con más eficacia. 

      En esta tarde cualquiera las toallas están cambiadas.
      La de Peppa Pig en la mochila del pequeño salvaje (con su padre en el vestuario masculino) y George en la mochila de mi bendita. Se da la circunstancia de que la susodicha princesita tiene los ovarios pétreos y del tamaño de un huevo de avestruz, por lo que si se tuerce por un casual se transforma en Lola Flores y sin darte tiempo a reaccionar comienza el rasgado de vestiduras. 

      Pensamiento maternal: Debo ignorar la pataleta hablando tranquilamente para intentar que se calme sin dejarne llevar por la frustración y jamás le concederé el capricho (entre otras cosas porque no puedo entrar en el vestuario masculino; si no, este paso me lo salto seguro).  

      Pensamiento de mi bendita: Si me tiro recién duchada al suelo en la ducha del gimnasio, con un charco lleno de pelos y espuma, verás como mi neurótica madre me hace caso. 

      Y vamos que si se lo hago. 

    Toalla de George a la barbilla y niña pataleando y gritando cual cochino el día de su San Martín para evitar ser secada. En ese momento de agitación se conoce que lo único que ve la dulce criatura a mano para agarrarse es el tirador del grifo de la ducha justo cuando su paciente y vestidadelacabezaalospies madre se encuentra debajo. Ella ni se percata ya que está concentrada en su lucha. Yo al sentir el agua fría en la cabeza sí. Y en los hombros, y en las piernas... 
      
      Resultado: salgo con la niña retorciéndose en brazos, con la toalla de George en el sobaco y con cara de pescaílla a continuar con el forcejeo ante la atónita mirada del resto del personal. Lo único que no se me ha mojado en esta tarde cualquiera han sido los zapatos de deporte porque muy inteligentemente te dan unos papis verdes para proteger el calzado cuando entras vestida. 
     
       He tardado un buen rato en poder hablar de esto con mi santo esposo y un rato más en quitarme camiseta y pantalón vaquero como si de un papel de magdalena de tratase. 

Continuará...

viernes, 19 de febrero de 2016

No me representan

    

    No me representan.
    Son los todopoderosos del mundo pero no pueden.
    Son los responsables del mundo pero no se responsabilizan.
    Son los economistas del mundo pero las cuentas no les salen.
   Mientras se ponen sus trajes de chaqueta y acuden en sus coches oficiales a otra más de sus inútiles reuniones de "urgencia", cientos de personas anónimas se enfundan un chaleco naranja y se suben a una lancha motora. 

    No tengo palabras para agradecer a todos los voluntarios que han dejado aparcada su vida para ayudar a otras personas con medios precarios. Éste es mi pequeño homenaje a ellos y en especial a mi primo Miguel que se llevó a Lesbos parte de mi corazón hace 15 días.
    He llorado con él. Me he reído con él.
    Me ha dejado sus manos, sus ojos y su alma para que yo pudiera vivir en primera persona el placer de ayudar y salvar vidas en situaciones límites sin moverme de mi casa.
    Gracias por dejar que me sienta útil.
    Gracias a todo vuestro equipo y a todas la ONGs que seguirán allí mientras quede un sólo ser humano a quien ayudar.

"El dinero y los cojones para las ocasiones"
Nuestro abuelo Bernar. 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

El carril de los tontos




Foto de aquí



    Cuando conduzco con mi padre al lado y me pilla un atasco siempre me mira y me dice: "Nos hemos vuelto a poner en el carril de los tontos".
Observo la fila contigua: más rápida. Me cambio y ¡zas! me vuelvo a quedar parada.
Otra vez.
Y no importa cuántas veces te cambies.
Todos irán más rápido.

    Como la vida misma.
    Cualquier vida ajena nos parece mejor.

    A todos los tontos de mi carril:
    Bajemos las ventanillas.
    Disfrutemos de los atascos.
    Todo pasa.
    Y a todos les pasa.






sábado, 22 de agosto de 2015

Enjaulados


    Podemos construir los muros más altos para no verlos o ensordecernos con la melodía de nuestras idílicas vidas para no escuchar sus llantos.
    Podemos aferrarnos a creencias políticas o religiosas para justificarnos.
    Helarnos el corazón y no sentir compasión ni impotencia y hasta pensar que no tienen hijos y que no se quieren como nosotros.

    Pero nos guste o no seguirán ahí, intentando pasar el foso, seres humanos a los que no les pertenece el primer mundo y están destinados a vivir enjaulados en el trozo de tierra donde les tocó nacer.

    Feliz libertad a todos.

Foto de Daniel Etter