lunes, 17 de diciembre de 2012

Felices sueños




A veces sueño que soy inmensamente feliz... y al salir a la calle lo sigo siendo.

"No existirá ningún hombre feliz hasta que todos lo seamos." José Martí.

martes, 11 de diciembre de 2012

Mis adorables




He decidido inaugurar esta sección dedicada a ellos.

A los que me quitan el sueño más de una vez.
A los que me mojan de su indignación, cansancio y frustación.

A los que creen que vencerán a Goliat y a los que sé que no lo harán.

A los que me ríen y me hacen reír.
A los que me lloran y me hacen llorar.

A mis todos queridos y adorables pacientes.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Bendita inocencia




    - "Bueno bueno, se acerca la navidad y tendremos que empezar a escribir la carta a los reyes magos, ¿no?"
    - "Siiiiiiiií." Salta feliz mi pequeño salvaje.
    - "Pues a ver cariño, ¿que rey te gusta más?"
    - "¿A mí? Uhmmmm ¡El que no tiene barba!"


    Deberíamos rescatar nuestros ojos de niño de vez en cuando.
    ¿No creéis?

lunes, 19 de noviembre de 2012

Capacidad

   



    Sólo si todos fuéramos discapacitados dejaríamos de serlo.
    El mundo dejaría de tener obstáculos si todos los sufriéramos.

    Un buen amigo sometido a una intervención de cirugía estética por un malformación en la cara me comentó una vez que él no tenía ningún problema para relacionarse por su aspecto, que eran los demás los que no se relacionaban con él. La discapacidad es un concepto creado por los demás hacia personas que se consideran (y son) normales. Es un sentimiento del prójimo hacia tí más que de uno mismo.

    La noria de la vida lo mismo te regala unas muletas que te quita un brazo o un sentido o te sienta en una silla de ruedas, de forma temporal o permanente,... y es entonces cuando nos damos cuenta de la cantidad de discapacitados que hay:  personas que dicen retirar barreras arquitectónicas sentados en su cómoda butaca del ayuntamiento no estando capacitados para ese puesto, compañeros cargados de cinismo y prejuicios que no están capacitados para trabajar con personas como tú, vecinos que no tienen capacidad para tenerte como amigo... y en definitiva todas esas personas que viven en este mundo tan plural con una discapacidad emocional para relacionarse con los demás digna de certificación.

    Desde aquí mis condolencias a todas aquellas personas que (al igual que yo) han sentido alguna vez sus diferencias como algo antisocial debido a la discapacidad ajena.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Mi dichosa cocina




    Por desgracia mi cocina fue famosa entre conocidos y amigos durante mucho tiempo. O mejor dicho mi no-cocina. Se retrasó seis meses de la entrega prevista, y nosotros, que hasta entonces vivíamos de alquiler, nos habíamos comprometido a dejar el piso y plantarnos en el nuevo poco después de la entrega de llaves. Se enteró todo el mundo porque yo me desahogo así. Se lo conté al peluquero, a la frutera, a mi ginecóloga, a mis compañeros de trabajo, a familia que no veía hacía siglos, a mi vecino, a mis pacientes,...
    En resumen: nos hicimos de un microondas y un frigorífico y durante todo ese tiempo, comíamos entre cajas los tuppers congelados de las eternas cuidadoras (ahora abuelas). Llegaron los grandes días del montaje de la susodicha tras varios pleitos y muchas noches sin dormir. Se quedó a medias (me imagino que también dejaron de cobrar los montadores) pero al menos ya teníamos en nuestro poder los muebles y los electrodomésticos. En ese desbarajuste se plantaron en casa unos fontaneros para arreglar un desperfecto de la placa de ducha. Los encerré en el baño cuando vi la que liaron cortando baldosas y cada media hora se paseaban por la casa (supongo que para respirar) cubiertos de lo que parecía un baño de azúcar glass cuales xuxos de crema. Cuando se fueron todos y llegó el guapo que vive conmigo yo parecía cualquier cosa menos una mujer. Al llegar la noche yo todavía relataba sin respirar: "...y cuando se fueron me di cuenta de que cortaban las baldosas sobre la encimera de madera nueva, que ya está rayada y no tiene arreglo, y me he llevado dos horas para intentar quitar una capa de medio centímetro de grosor de polvo blanco que hay por toda la casa, y los montadores de la cocina no han venido y el dueño de la tienda no coge el móvil, y por supuesto no tenemos grifo, he lavado los platos en la bañera-jacuzzi que todavía ni hemos estrenado, que por cierto, las burbujas funcionan de maravilla aunque la próxima vez recuérdame que no la pruebe con el Fairy, porque se ha montado una..."y cuando casi me deshidrato de llorar en el sofá mi querido, que callaba sin rechistar, intentó calmarme. "¿Has terminado ya? No te preocupes, todo se arreglará. Por cierto, ¿recuerdas las tres coladas de ropa que hemos tendido con el ansia de estrenar la lavadora? Están en la terraza del vecino del bajo. Se conoce que el tendedero nuevo no ha aguantado el peso. Pero no te asomes, mañana será otro día..."


jueves, 8 de noviembre de 2012

Apología de la guarrería




    Están entre nosotros, a la vuelta de la esquina nos pueden asaltar, en cualquier momento aparecen sin ser llamados. Son personas que creen estar a la moda por  pisotear las costumbres higiénicas básicas que nuestros padres (y el doctor Beltrán) nos intentaron inculcar con mucho trabajo. Y es que he vivido miles de situaciones en las que me he sentido ridiculizada por alguno de estos personajes por hacer (con mi vida y la de mi hijo) lo que yo consideraba correcto. Por ejemplo:
    - Pongamos que a mi hijo se le ha caído rodando el chupete... pues aparece por arte de magia algún moderno-gracioso que me dice riéndose: "Pero ¿por qué lo lavas con jabón? ¡Qué exagerá! Un agüita y listo, quesonopasaná".
    - Si voy por el parque y el niño va directo a unos gusanitos del suelo... pues antes de que me dé tiempo a frenarlo algún moderno-enterao me increpa: "¡Pero deja que se lo coma el chiquillo, quesonopasaná!."
    - Si le echo crema de protección solar a diario para salir a la calle porque el niño es más blanco que un alemán... pues me asalta el moderno-burlón de turno: "No le eches tanta crema al niño, ¿que se quema? anda ya, quesonopasaná."
    - Si observas que el niño que comparte pupitre con el tuyo está con unos mocos por la barbilla, tosiendo sin parar y con cara de aparición... pues nada, según su madre-moderna "El tuyo va a caer también, pero no te preocupes mujer quesonopasaná"  Frase que se suele acompañar de la expresión que más he escuchado desde que soy madre y que hace que me piten los oídos: "Así se inmunizan"
    - Y el remate es ese grupo de modernos-hippies que quieren inmunizar a sus hijos a base de fiebre, mocos y malas noches y que están (de forma contradictoria) en contra del método más seguro y eficaz de inmunización y que ha salvado millones de vidas en todo el mundo: las vacunas. Y es que parece ser que alguien (por ejemplo... una monja) dice que "las vacunas son malas" porque ha tenido una iluminación ese día y al garete los miles de científicos que se han dejado la retina detrás de libros, pipetas y microscopios para conseguir vacunas seguras.

   Es por eso que hoy, desde mi refugio de madre acomplejada, quiero reivindicar mi derecho a ser ¡antigua y neurótica!
...y seguir con libertad lavando los chupetes y las manos de mis hijos para comer...
... y no dejando que cojan cosas del suelo...
... y utilizar crema solar todo el año...
... y separando a mi hijo del vecino del quinto cuando esté con varicela para evitarle en la medida de lo posible que se ponga malito.

    Y además confieso que vacuno a mi pequeño salvaje de todo lo que me aconsejan las autoridades sanitarias porque estoy muy loca y pienso quesosiquenopasaná.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Paciencia

   


    Si hay una hora en la que consigo amansar al pequeño salvaje es la de dormir. Bueno lo de conseguir es una forma de hablar porque los 60-90 minutos no me los quita nadie. Y es que si no le ayudo a relajarse es imposible que se duerma sin saltar, correr, bajarse de la cama, dar volteretas, lesionarse varias veces... hasta horas intempestivas. Hemos probado de todo. Os aseguro que si la famosa Supernanny fuera su madre no sería ni famosa, ni súper, ni nanny.

    Hace unos días el guapo que vive conmigo (dícese del padre de la criatura de marras) intentó calmarle. A los cinco minutos aparece en la cocina triunfante.
- "¡Ala! ¡Conseguido! Ya encontré la fórmula mágica. Cuando el niño te pida que te quedes tú te haces la loca y sales de la habitación. Sin dudar. Te vas y punto."
- "¿No me digas? ¿Y se queda?" No sé si se me quedó más grande la boca o los ojos en ese momento.
- "Perfectamente. Sin rechistar."
- "¿Y ya se ha dormido?"
- "Supongo, lleva un rato calladito". (A continuación se arrancó con un discurso de esos que comienzan con un Siesquenopuedeser)

    No sé cuanto tiempo pudo pasar: el suficiente como para sacar un lavavajillas, poner otro y hundirme la moral por los suelos. Tras un: "Anda vamos a ver la tele un rato en el sofá" nos vamos al salón y allí que estaba mi criatura, sonriente, descalzo y en pelotapicada (después de regar pijama y pañal por el suelo del pasillo) y más satisfecho que el padre un rato antes. (Confieso que me alegré por primera vez de las fechorías del cachorro). Mi guapo, en ese momento más hundido que yo, musitó un  frustado "Todo tuyo"

    Hombres...

viernes, 26 de octubre de 2012

Ojos de niño

   


    A veces me quedo observándole mientras come. Eso lo hace estupendamente, así que es un verdadero placer, sobretodo si hay tomate frito y se mancha media cara. De pronto parece reparar en mi presencia y vuelve a mirar el plato. Mientras le limpio la barbilla se anima a dejar su tarea unos segundos.

     - "Mamá ¿qué es la paz?"
    - "¿La paaaaaaz? Esto..." (¡Vaya con la preguntita! Me hubiera encantado responder: lo que siento cuando te quedas dormido después de tu sesión de hiperactividad nocturna, cariño...) "Te lo han explicado en el cole, ¿verdad?".
    Me mira sin pestañear esperando una respuesta pero a mi me interesa mucho más qué es lo que ha entendido esa cabecita.
    - "A ver, pues dime tú qué es la paz"
    Continúa comiendo un rato pensando en la respuesta (como buen hombre habla poco y conciso)
    - "Mamá la paz es no darse pellizcos los niños".

    Inmejorable resumen.


Según tengo entendido Pablo Picasso creó esta litografía en 1949 para el Congreso de la Paz celebrado en París ese mismo año.
Desde entoces se asocia a este animal como símbolo de la paz.
   

martes, 23 de octubre de 2012

Por la mirilla: observaciones de la consulta

     Rotación en consulta de dermatología. Media mañana. Antonio: apuesto y educado caballero de mediana edad entra algo avergonzado al descubrir dos doctoras sonrientes. Afección genital de más que probable etiología infecciosa. Cuatro guantes al canto y paciente tumbado en la camilla con sus partes más preciadas al descubierto. Con sus manos se manipula toda la zona afectada: "Miren cómo se me ha puesto esto, y por aquí también me duele, y esto me pica..." Tomamos una muestrecita por allí y por aquí...y listo. Guantes fuera y a escribir, una la historia y la otra las peticiones. El caballero aliviado por haber pasado ya el mal trago se sienta hasta que terminamos. "Se va usted a tomar esto Antonio y ha ponerse esta pomada dos veces al día". "Muchas gracias, muy amables" Decía al levantarse mientras alargaba su mano esperando un apretón (la misma mano que había paseado por su aparato y sus correspondientes escondites alegremente sólo unos minutos antes). La mano se la dimos las dos (¡qué duda cabe!) ahora apretón, lo que se dice apretón... Acto seguido mi ojo avizor perseguía inevitablemente los movimientos del pobre paciente: mano al pomo de la puerta, mano al botón del ascensor, mano a las llaves del coche,... ¡En unos minutos había restos de sus fluidos por todo el hospital! ¡Hasta en mi mano derecha!
    Esto pasa a diario en un hospital y sólo nos percatamos de una mínima parte. A saber...
    

    Secretos confesables:
    Aquel día me lavé las manos (¿alguien lo había dudado?) y limpié el pomo de la puerta con alcohol.
    A veces me muero por limpiar también los botones del ascensor, pero me reprimo, siempre hay mucha gente.
    Se me caen dos lagrimones cuando veo a niños en el hospital a los que les gusta llamar al ascensor y después se meten las manitas en la boquita ante la pasiva mirada de sus papás.     
   

domingo, 14 de octubre de 2012

Cumpleaños




    Un año hace hoy que me atreví a compartir este trocito de mi cabeza.
    No sé cuánto tiempo más continuará esta experiencia ni a dónde llegaré pero sé que el viaje me está resultando muy placentero. Es un honor ser leída por vosotros, y si alguna vez sale alguna lágrima, no importa, nos hace falta mucho mar.

    Gracias.


Foto de un lugar mágico en la costa norte de España

lunes, 8 de octubre de 2012

Paraíso




    Mi cuerpo viaja a él cuando puede.
    Mi mente se planta allí cuando quiere.
    Y escucha las olas, y siente el viento en mi cuerpo, y respira la sal.
    Y me deslumbra la luz de sus mañanas. Y me emociona el rojo de sus tardes.
    Y vuelvo a la vida real aletargada y plena.

¡Uhnm! Creo que ya me estoy escapando otra vez... ¿quién se viene?


Foto sin filtros ni modificaciones del escenario protagonista.

viernes, 5 de octubre de 2012

¿Educación moderna o doma clásica?

    Lo he vuelto a hacer. Sí, no es la primera vez. Y es que a pesar de leer cienesycienes de libros de educación y comentar el caso del pequeño salvaje con todo el que me pueda dar un consejo, siempre hay un momento del día en que me quedo sin recursos y no encuentro forma humana de poner freno a esa cascada de agitación psicomotriz.
    Hoy saltaba en la silla durante la comida, ponía los pies en la mesa, daba patadas a la pared, corría de un extremo a otro de la cocina con la comida en la boca,... así que, después de tirar a la basura sin éxito su juguete estrella del momento, apagar la televisión, amenazarle con treintamil cosas y respirar contando hasta diez intentando no zarandearle, me he levantado y he ido a por el cinturón de su padre. No sé si es antipedagógico pero se ha comido todo en cinco minutos sin moverse de su sitio, todo un éxito. Si llega a venir algún vecino y ve que tengo a un niño de tres años atado a una silla con un cinturón de cuero quizás me hubieran denunciado por maltrato o secuestro, pero como se suele decir: "a grandes males grandes remedios".



martes, 2 de octubre de 2012

Silencio por amor

   


    Pasillos llenos de gente, ascensores pintados, chicles en las paredes, humo en las escaleras amarilleando el cartel que prohíbe fumar, niños corriendo, televisores retransmitiendo un partido de fútbol... gritos, olores, risas, calores...: ¿un centro comercial? ¿una feria? No.
    Un hospital.
   
    A pocos metros alguien lucha por paliar un dolor, respirar, vivir o descansar...
    ...en silencio.

   
   
    

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Anastomosis uvera

   


    Por el hecho de ser internista he tenido que hacer miles de cosas diferentes en mi trabajo pero nunca pensé que acabaría haciendo una intervención quirúrgica a una uva. Y es que esta mañana mi pequeño salvaje lloraba desconsolado porque su insensata madre había osado arrancar literalmente una uvahijo de la rama donde vivía con sus papás (menos mal que la alarma de su llanto se disparó antes de que me la comiera). El disgusto ha sido tal que tras revolver sin éxito el frigorífico en busca de algún otro espécimen de la misma familia, me he visto obligada a hacer una reinserción del miembro amputado. Me ha costado lo mío pero ha merecido la pena por ver esa sonrisa de oreja a oreja sobre su cara llorosa.
    Sólo espero que la familia uva sea olvidada antes de convertirse en mosto, porque de la resucitación vegetal no aprendí nada en la carrera...

jueves, 20 de septiembre de 2012

No me acostumbro...




...a tener que ayudar a partir. Es una lección que tengo pendiente.
...a ser espectador de despedidas entre seres que se aman con locura.
...al dolor ajeno.
...a la enfermedad fulminante, a la larga y cruel.
...a comunicar noticias terribles e inolvidables.
...a soltar manos.
...a cerrar ojos.
...a ayudar a morir.


A todos los que volaron antes de tiempo,
siempre en mis recuerdos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Fantasía de panchito




    Un panchito es la especialidad de una heladería artesana de mi barrio: sumergen una bola de helado en chocolate negro caliente. El resultado me quita el sueño y es que el chocolate es uno de mis vicios confesables. Por eso me llamaba bastante la atención ir a alguna sesión de esas que están de moda y que se engloban bajo el nombre de chocolaterapia.
    El día elegido esperaba impaciente en una habitación a media luz, con hilo musical, ataviada con un tanguita ridículo de papel al que intentaba ignorar, la llegada de la señorita que me iba a ayudar a cumplir uno de mis caprichos más deseados. Muy jovencita pero muyyyyyy habladora me embadurnaba en una crema negra con olor a chocolate mientras me contaba todas las propiedades beneficiosas del que para mí es el verdadero oro negro. Cuándo más encantada me encontraba, sintiéndome cual Cleopatra en leche de burra, me sorprendió la catástrofe. "Ahora te vamos a dar calor para que el chocolate penetre bien por todos tus poros" Partimos de que no me gustó mucho esa frase, pero en esos momentos una está entregada (yo creo que el tanga contribuye, te roban la autoestima y así te manejan a su antojo). Enchufó una especie de colchón de agua y cuando estaba a 1000ºC me envolvió en él y se fue apagando la luz: "Relájate que yo vuelvo en un ratito". Y me plantó allí en la circunstancia más ridícula que alcanzo a recordar: hecha un capullo y sudando como un pollo de feria. Intentaba entretener mi mente pero no dejaba de pensar si ese colchón de agua enchufado a la corriente era lo suficientemente seguro. Cinco minutos más tarde mi atención se centró en mi piel. He tenido varias urticarias en mi vida y reconozco ese picor en cuanto empieza. Y no, no me podía mover porque la media tonelada de agua caliente que tenía encima me impedía hasta pestañear. Se me hizo eterno el "ratito". Cuando volvió a entrar la jovencita se me saltaron dos lágrimas de alegría. Recordaré esas palabras toda la vida: "Ahora te vas a dar un bañito para retirar todo el chocolate." Yo del chocolate ni me acordaba, sólo quería que me quitase esa losa y salir corriendo. ¿Penetrar? A esa temperatura nos hemos aleado, bonita. Al empezar a retirar la cataplasma que se había formado comenzó a asomar el sarpullido que recorría todo mi cuerpo cual varicela florida. A la jovencita se le descompuso la cara (y probablemente algo más): "Ay madre mía, ¡mira cómo estás! Esto es la primera vez que me pasa." ("No me lo creo, ¿de veras no se ha muerto nadie ahí dentro querida?") Ante la insistencia de llamar a un médico intenté tranquilizarla diciéndole que yo lo era y que no me iba a morir (sólo necesitaba salir de allí y ducharme con agua fría lo antes posible).
    Mi marido todavía se está riendo de mi. Menos mal que la mala experiencia no me ha impedido seguir derritiéndome por un panchito helado en las tardes de verano.

martes, 4 de septiembre de 2012

Cerrado por vacaciones

    

      Disolventes o aire corriente. Anilinas o tomates sin toxinas. Aguarrás o agua de mar.
    Está claro qué es lo que conviene a la nueva vida que ha empezado a crecer en mí. Al recibir la buena noticia mi mente me arrastra a repasar las futuras e irremediables renuncias. Nadie se imagina cuánto me va a costar alejarme de este mundo de aceites y colores. El óleo ordena mi mente. Es mi cajita de lágrimas. Mi ventana a la evasión. Mi inyección de serenidad. 
   
    Mi pasión. Mi refugio. Mi secreto.

    No sé si lograré aguantar mucho tiempo sin él.
    Pero sé que pase lo que pase me esperará, me será fiel.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Manos arriba




    Hace unos días curioseaba por las ventanas observando las actividades guiadas del gimnasio intentando ser seducida por alguna. "..A ver: mujeres mayores que yo, una monitora con cara dulce y unas pesas pequeñitas: ...Miembro superior ¡Perfecto! ¡El próximo día me apunto!"

    Y allí estaba yo el día en cuestión, llegando cinco minutos tarde (para variar) y con la lengua fuera. Vistazo rápido por la ventana, Miembro superior... aquí es, hay hueco en el medio...abro la puerta aceleradísima e intentando no hacer ruido, cojo las pesas más pequeñas y tras caerse rodando (¡las dos!) por el medio del aula ("¡Por favor! parezco un elefante en una cacharrería") intento colocarme haciendo uso de la poca discreción que me caracteriza. ("Ajá, dentro de unos minutos nadie recordará mi entrada triunfal"). Como buena extremeña todo lo adorno con refranes, así que alládondefuereshazloquevieres, barrido visual alrededor ("¡Horror! Pero si sólo hay forzudos, esto... ¿dónde están las jubiladas de la semana pasada???") Mientras intento disimular mi angustia noto unos ojos clavados en mí...(" no puede ser...") con su uniforme negro y su sonrisa blanqueada... otra vez:  Ilde.
    - "Hombreee"
    - "Hola" Sonrío ("no entiendo el tonito de hombreee")
    - "¿No será tu primera clase de miembro superior?"
    - "Sí"
    - "Pues en menuda sesión te has metido. Te vas a morir. Jeje".
    Sonrío más e intento hacer los ejercicios sin inmutarme. Ahora sí que no me podía ir. Era una cuestión personal, no sé si contra mis brazos o contra él, pero después de mi llegada no podía irme otra vez a no ser que tuviera claro el cambiarme de gimnasio.
  
     - "¡Vengaaaa! ¡Al suelo!" Grita el verdugo.
    - (¿Al suelo, pero esto no va de levantar pesitas?)
    -"Pectoraleeees"
    - (Eso en mi pueblo son flexiones)
    - "... 3, 2, 1, ¡Arriba otra vez!"
    - (¿Otra vez? ¡Si yo no había terminado de tumbarme!!!)
   
    Me sentía una Olivia rodeada de Popeyes pero descubrí el secreto para no morir: te levantas y te sientas despacito y así vas perdiendo la mitad de cada serie. Esto está tirado...

    Quince minutos más tarde no pensaba lo mismo. Siento una voz a mi vera.
    - "¿Estás bien?"
    - "Sí, claro." (Es un pregunta irónica o qué)
    - "¿Seguro?"
    - "Sí." ("¿Por qué me insiste? ¿Se notará que me tiembla la pesa al flexionar el brazo?")
    - "Creo que mañana te vas a acordar de mi."
    - "Jeje." (Si hubiera podido le hubiera dado con la mancuerna en la cabeza pero no podía levantarla)

    Al final, tras los cuarenta y cinco minutos más largos de mi vida, tuve que recurrir a mi excusa estrella: "Me voy, esquetengounacaderaoperada y no quiero sobrecargarla" Lo que acentuó aún más su media sonrisa. Lo sé. Fue humillante. Pero era cuestión de supervivencia.

     En una cosa se equivocó mi querido Ilde: cuando sonó el despertador a la mañana siguiente no me acordé de él: me acordé de su madre.

jueves, 30 de agosto de 2012

Me enamoran...

    ...sus ojos azules abiertos de par en par.
    Me hipnotizan cuando se clavan en los míos justo después de retirar milagrosamente su mirada de la tele.
    Me paralizo, y en esos momentos espero impaciente su pregunta...
 
    "Mamá, ¿por qué Heidi habla igual que la abeja Maya?"

    Me enamora. Todos los días.




jueves, 23 de agosto de 2012

Por la mirilla: observaciones en el autobús.



    Me encanta montarme en los últimos asientos del autobús (esos que saltan tanto) y observar la Españacañí que fluye por el vehículo.
    Hace un tiempo ya, me subí saliente de guardia a uno de ellos y a pesar de la dormidera que llevaba encima hubo algo que me dejó perpleja todo el viaje. Un señor mayor esperaba agarrado a la barra del fondo para bajarse y unos segundos antes de hacerlo comienza con un incómodo garraspeo que acabó con el arrojo de sus más íntimas secreciones bronquiales hacia el suelo del pasillo. Llegó a su parada y se bajó tan campante dejándonos allí en compañía de sus restos. Por supuesto todos cacareaban sus historias sin percatarse de aquello y en medio del bullicio una flecha de silencio atravesaba el autobús desde el suelo de aquel pasillo hacia mis ojos. Momento único e inolvidable que se cortó en seco cuando una señora, a la que su obesidad le impedía moverse con naturalidad, plantó encima del regalo una de sus bolsas de la compra. Ahora sí que no podría ni dar una cabezada. En unos segundos la pobre mujer encuentra dos asientos juntos, perfecto, uno para ella y el otro para dejar sus bolsas-sorpresa. En el suelo sólo quedaba un charco húmedo, resquicio de lo que yacía allí minutos antes... y mientras, las bolsas eran amablemente retiradas para que una joven con pinta de estudiante cansada tomara su "preciado" asiento. En esos momentos se arremolinaban en mi cabeza miles de pensamientos diferentes: "¿Les comento algo?" "¿Cómo se dice eso?" "A mí me gustaría que me lo dijeran...o quizás no..." Mi parada ¡por fin! Aquella noche ni las horas de vigilia que llevaba a mis espaldas me dejaron conciliar el sueño en un buen rato.
    Y esa es la razón por la que se me eriza el pelo al ver unas bolsas de la compra sobre una encimera de cocina o por la que nunca confío en la higiene de la culera de un pantalón vaquero.
    ¡Enhorabuena a todos los que hayáis conseguido leer hasta aquí! Me sois muy fieles, ¿eh?

viernes, 10 de agosto de 2012

¡Hoy la he vuelto a ver!

    


    Me parece que empieza así una canción de El Arrebato. Y es que hoy cuando entraba en el vestuario estaba ella,  en cuero blanco polar, húmedo aún de la ducha, sentada sobre el banco de madera... Y he pensado, pobre señora, si supiera lo famosa que es... ¿Sobre el banco de madera?¿He visto bien? ¿Y la mini-toalla? En su mano. No me he fijado bien... Sí, me he fijado bien. Nada separaba sus aposentos del pobre banco. La duda que me surgió en ese momento fue cómo sería la inminente separación de ambas materias:
1.- ¿Se quedaría pegada? ¿Necesitaría ayuda para levantarse?
2.-¿Se elevaría el mueble unos centímetros y luego caería formándose un estruendo?
3.- Y si el banco no se moviera del suelo... ¿Cuál sería el sonido del despegue?

     Me fui rápido de allí. No quise saber más.
    Ahora desconfío del pobre asiento y no sé cómo utilizarlo. Sólo me queda la tranquilidad de que la protagonista, al menos, tendría todos sus pliegues desodorizados...


Imagen tomada prestada a Fernando Botero.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Frases celebres de mi pequeño salvaje

    


    ¿Qué tiene mi niño feo porque yo no se lo veo? Es un dicho de mi tierra. Y así debe ser porque para todos los padres nuestros hijos son los mejores del mundo. Eso me pasa a mi con mi pequeño salvaje, que a pesar de ser un auténtico polvorilla y tenerme agotada, cuando llega la noche y se queda dormido me parto de risa acordándome de sus ocurrencias diarias. Si me dice estas cosas con a penas tres años, ¿qué será de mi cuando tenga 15? Algunos ejemplos:
   
    "Cariño ¿cuándo vas a empezar a portarte bien?" "Mañana mamá, hoy no, mañana, ¿vale?"

    "Ay mamá, sigue recogiendo tú sola los juguetes que a mí me duelen las rodillas hoy"

    "¡Mira, si sigues saltando en el sofá tiro la rana Lola a la basura!" "Está bien mamá, tírala que yo voy a saltar un ratito más, ¿vale?"

    "Te voy a dejar en el baño pensando... hasta que te portes bien, y no sales a comer hasta que no pidas perdón." Cinco minutos más tarde abro la puerta y me lo encuentro sentado en su váter con el taburete sobre las piernas. "A ver...¿qué has pensado?" "Que yo puedo comer aquí muy bien, mamá."

    "Es que, mi amor, papá y mamá te queremos mucho. ¿Y tú?" "Pues yo también quiero mucho a mi amiga Amelia" 

    Su padre encerrado en el cuarto de baño: "Papaaaaaá, abre la puerta" "No, cariño ahora no puedo abrir" (agravando su voz de 3 años recién cumplidos) "Pues soplaré y soplaré hasta que la puerta derribaré"

    "Mamá mira: debajo del pito tengo dos tentáculos"

    "Mamá yo quiero ser trompetero" "Ya me lo temía yo..."

    Vino un primo mío de visita y él entusiasmado le mostraba toda la casa: "Este es mi cuarto, esta mi cama, este es el cuarto de baño de mis papás, aquí, en esta báscula me peso yo y en este váter hace caca mi mamá"

Continuará... muy a mi pesar.

¡Feliz día!

viernes, 3 de agosto de 2012

En algún lugar de Extremadura...



  
    Necesito encontrarme con él, y aunque a veces me parece sentirlo en otros lugares, sólo hay un sitio donde sé seguro que estará en su estado más puro. Me encanta adentrarme hasta allí con el coche y en medio de ese mar amarillo apagar el motor, bajarme, abrir la cancela, quitarme la ropa y sumergirme hasta la cintura en el agua helada. Entonces me apoyo en el borde de la alberca y cuando el agua se calma llega él: me envuelve, me acaricia, me asusta...

    Sólo allí me encuentro con el más absoluto silencio.

   Y cuando me abraza mi mente se eleva y vuela...  y me lleva hacia atrás, al pasado, y vuelvo a recordar momentos en el mismo escenario, cuando era una niña, cuando estaban los que ya se fueron. Y el silencio me trae sus voces y mis risas...
    
    Y le doy las gracias.

    Sumergo mi cabeza en el agua helada y me escapo de allí sin querer volver al ruido. Pero prometo volver.

    Y sé que lo haré... porque necesito encontrarme con él.

martes, 31 de julio de 2012

Yo también tengo una drama-mamá

    Al terminar de leer hace unos días el libro de Amaya Ascunce (totalmente recomendable por cierto) me quedé asombrada al comprobar que de los 101 consejos maternos que moldearon su personalidad a lo largo de los años, yo he recibido más de 100. Formo parte de una generación que se ha criado con frases como: "Los cromos que regalan en la puerta del colegio tienen droga", "Como vaya yo vas a llorar de verdad", "Si no te lo comes para cenar pues para desayunar" o "Si te caes encima cobras". Mi teoría es que en el hospital, cada vez que nacía un niño, se le entregaba a la madre un manual con frases que debía repetir si quería hacer de su hijo un "hombre de provecho". Y ellas lo seguían a rajatabla. Las drama-mamás se convirtieron en un ejército.  

    La mía, como todas, tiene su manual, al que ella le ha dado su toque personal, regándome desde mi más tierna infancia con frases-estrella que, aunque en su momento me mortificaron, hoy me hacen reír. 

     Tú no tienes sangre en las venas, tienes alquitrán. Solía usarlo a diario para describir mi elevada tranquilidad (sobre todo en comparación con ella). Finalidad: ponerme nerviosa. Todavía no entiendo por qué es mejor ir como una moto a todos sitios. Generalmente se ayuda de refranes del tipo: "El tiempo es oro y quien lo pierde pierde un tesoro", "Camarón que se duerme se lo lleva la corriente" o "Si las liebres fueran como tú no quedaría ni una" y de apodos con los que me nombra delante de mi familia: milindri, maria-huevo,...

    No llames la atención. Vaya donde vaya me lo recuerda: al pueblo, al trabajo, a un funeral (sí, no me dejó llevar una muleta a un funeral porque pensaba que iba llamando la atención)... Finalidad: que no me saquen "un cantar" en el pueblo o que mi jefe no me despida por "imprudente". Lo peor es que a veces consigue el efecto contrario: en el funeral todo el mundo me preguntó que por qué no usaba una muleta en vez de un paraguas y me llevé cojeando y dando explicaciones absurdas toda la mañana.

    Es que eres muy especial, hija. Última vez que lo usó: ayer. Si discuto con alguien: "Es que tú eres muy especial", si no me gusta un vestido estampado del mercadillo: "Es que tú eres muy especial", si me aterra que le compre a mi hijo juguetes potencialmente peligrosos en los chinos: "Hija, es que tú eres muy especial"...Finalidad: justificar todas nuestras diferencias. No sé si esta es la causa pero me siento un bicho raro donde quiera que voy, algo incompatible con el consejo anterior, la verdad.

    Vas a criar sarampión. Y es que mi madre no cree en los virus. Piensa que las enfermedades se contraen por frío o, como en el caso del sarampión, por calor. Finalidad: que yo vaya siempre igual de desabrigada que ella aunque vaya sufriendo por la tiritona. Normalmente para referirse a mi temperatura corporal se ayuda de las frases anteriores (el manual es muy socorrido y las frases polivalentes): "Tú no tienes sangre en las venas, tienes alquitrán", "Vas llamando la atención con esa bufanda" o, si no consigue que me la quite, "Es que, hija, que especialita eres".

     Tu serás médico, pero yo soy tu madre. Finalidad: ella intenta diagnosticarme y decirme lo que me tengo que tomar. Y por supuesto hace lo mismo con ella y con el resto de mi familia. A veces me siento como un expendedor de recetas. Y es que (ahora me lanzo yo con los refranes) nadie es profeta en su tierra y donde hay patrón no manda marinero.
   
   El monederito cerrado. Los sábados por la noche, cuando salía de marcha con la falda corta y el rabillo pintado ella siempre cerraba la puerta con esa frase. Es la única que ya no me dice y reconozco que me da nostalgia. Finalidad: no cabe explicación.

    Un abrazo a todas las drama-mamás y a sus hijos.
    Y en especial a ti, mamá: ya sabes lo mucho que te quiero.


martes, 17 de julio de 2012

Madre-cuqui

    Me generan mucha envidia las madres (casi) perfectas. Y me refiero con eso a una madre que no llegue siempre tarde a la guardería y que su hijo no reciba todos los días un: "anda bonito, ¿otra vez te has quedado dormido?" con cara de ahílollevasmamátardona, que no le corte ella el pelo a su hijo (mal) porque tiene un evento y no le ha dado tiempo a pedir cita en la peluqería, que no llegue tarde al trabajo y encima se maquille en los semáforos (con lo cual si tiene la suerte de llegar prontito porque sólo le ha pillado uno en rojo se baje del coche con un ojo pintado y el otro no), que a partir de las ocho de la tarde no se vaya tumbando en todos los planos horizontales que encuentre porque no pueda con su pellejo o que no se vaya de fin de semana a 80 kilometros y se le olvide la maleta de su hijo detrás de la puerta.
   Así soy yo, bueno era, porque a partir de hoy voy a ser una madre-cuqui. Y he empezado con cosas sencillas como esta guirnalda que encontré en pinterest y que me quedó chulísima para el cumpleaños del pequeño salvaje. La enseño aquí porque me muero por mostrarla, ya que me llevé cortando hojitas de cartulina toda la tarde. Así, de fondo en las fotos de cumpleaños (que quedan para la posteridad) será un perfecto elemento de distracción para que nadie repare en los trasquilones que llevaba el pobre niño.

domingo, 15 de julio de 2012

De titanio...


    Dúctil y resistente, duro y maleable, así es el titanio y por eso se ultiliza como componente principal de aquellas cosas que deben durar para siempre.

    Así deberíamos ser las personas: de titanio. Que nada ni nadie nos hiciera desaparecer.
   
    Ya sé que entonces mi profesión no tendría sentido, pero si hoy pudiera pedir un deseo sería ese, que los sanitarios no tuvieramos que existir porque el ser humano ha conseguido ser eterno.
   
    Invencible.

sábado, 14 de julio de 2012

Por la mirilla: terror en la ludoteca

 

    Para mi uno de los grandes inventos del siglo XXI. Puedes plantearte ir a comprar o a hacer deporte sin tener que esperar a que exista una alineación de planetas que te de luz blanca para escaparte media hora. Os aseguro que, al menos en mi caso, no hay dinero que pague esta obra de caridad.

    Esta mañana negociaba con el pequeño salvaje que su mamá iba a hacer un poquito de "gimnasia" mientras él jugaba allí a hacer puzzles. Mi cara de ilusión contrastaba con su expresión de animal enjaulado cuando un estruendoso sonido dejó a toda la jauría en silencio. Me giré a ver qué parte del edificio se estaba derrumbando y me quedé de piedra al darme cuenta de que se trataba de un estornudo superlativo por parte de unos de los "cuidadores". Por supuesto ni hubo pañuelo ni mano que atenuara el crimen. Tengo la capacidad, por deformación profesional, de ver los gérmenes con mi ojo-microscopio de alta tecnología por lo que me costó ver la cara de dicho individuo entre la nube de virus que se había formado a su alrededor (con su misma cabeza, igual que los dibujos de "Érase una vez la vida"). ¡Y encima me sonreía el tío! ¿Estará orgulloso? ¡Te habrás quedado agusto hijo! ¿No ves que las defensas de estos pobres niños están como ellos: en pañales? En ese momento mi instinto de madre superprotectora me incitaba a varias acciones:
   
    Plan A: No repirar.
    Plan B: Plan A + Salir corriendo con el niño en brazos sin mediar palabra.
    Plan C: Plan A + Acercarme al insensato sonriente y asestarle un par de guantazos + Plan B
    Plan D: Inconfesable, pero incluye los tres anteriores.

    Al final opté por el plan A y por intentar colocar al niño en la otra esquina de la habitación. Por supuesto fui incapaz de frenar una mirada asesina con ojos tornados y todo y con muestra de uno de mis mejores colmillos. Salí de allí con una sensación terrible de mala madre e intenté hacer todos los ejercicios corriendo para sacar a mi hijo de aquel invernadero letal cuanto antes. De momento no he emprendido acciones legales contra él, pero que se prepare si al niño de aquí a una semana le da una décima de fiebre.

jueves, 12 de julio de 2012

Felicidad

   
    Si hace cuatro años le hubieran dicho lo feliz que iba a ser probablemente no se lo hubiera creído. Fueron demasiados intentos, demasiadas hormonas, demasiadas lágrimas, demasiadas horas de reposo, demasiados kilómetros recorridos... Ella cree que el milagro surgió cuando encontró su paz interior. Es probable. Yo pienso que triunfó la persevarancia, la paciencia y, por supuesto, el amor.
    Hoy sonreía al ver corretear a su niña mayor en la playa mientras daba el pecho al recién llegado. "...Y entonces dicen que nos van a recortar más sueldo, pues vaya hombre ¿pero tú sabes cuánto estamos cobrando? Es que no tengo ni idea." No es que viva en la abundancia ni rodeada de lujos, pero ella tiene todo lo que necesita. No aspira a más trabajo ni a más dinero. Sólo quiere más tiempo para estar con los suyos.
    Es una afortunada.
    Y yo también.  

martes, 3 de julio de 2012

¡No hay dolor!

    ¿Os habéis fijado cuánta fibra se pasea por la sala de máquinas de un gimnasio? A veces me quedo mirando boquiabierta las caras de esfuerzo y (con un poco de miedo) las venas de sus cuellos.
    -"¿Te apuntas?"  Allí estaba Ilde despertándome de mi embobamiento con su enorme sonrisa blanqueada y su uniforme negro de monitor.
    - "¿Quién yo? ¿A qué?"
    - " A hacer abdominales con nosotros."
    - (Ah, ¡qué  apetecible!) "Estooo... no gracias, yo ya me iba"
    - "Venga anímate que son SÓLO 20 minutos" Insiste sin parar de sonreír.

    Y así soy yo. Incapaz de decir que no dos veces seguidas. Minutos más tarde me encuentro con los riñones clavados en un aislante y la barriga chillándome, mientras intento agradar al perseverante y bondadoso Ilde. Cuando creo que me voy a morir de forma súbita y rodeada de forzudos sudorosos y sonrientes (y no, no era paradisíaco aunque lo parezca) resuena la voz del dulce Ilde diciendo:
    - "¡Muy bien!"
    - (Mándanos a casa ya)
    - "¡Lo estais haciéndo muy bien!"
    - (Mentiroso)
    - "¡Vamos a repetir todas estas series cuatro veces más!"
    - (Es broma ¿no?, ¿es que aquí nadie va a decirle nada? Pero si yo venía a hacer glúteos, ¿que pinto aquí? ¿por qué sonrío si me estoy muriendo? ¡Vamos bonita, levántate y vete que una retirada a tiempo es una victoria!).

    Hice otra tanda más quemando el doble de calorías debido al sufrimiento de mi lucha interior y cuando toqué fondo me levanté sonriendo más que él y le dije teniendo que inspirar tres veces antes de terminar la frase:
    - "Yo ya me retiro quetengounacaderaoperada y no me quiero sobrecargar" (Sí vale, hace ya dos años pero es una excusa muy socorrida y que despierta mucha ternura).  Y me fui orgullosa de haber coseguido escapar intentando andar derecha y no como Chiquito de la Calzada.

    A pesar de mi huída, al despertarme al día siguiente tenía tantas agujetas que no podía ni girarme a apagar el despertador pero aprendí algo muy importante: el sufrimento inconfesable en un gimnasio provoca una retracción de ambas comisuras bucales dibujando una sonrisa casi tetánica que sólo se pasa cuando te duchas con agua caliente (si no te mira nadie, claro).


sábado, 30 de junio de 2012

Por la mirilla: observaciones de gimnasio





    Cierto es que tengo fama entre los que me rodean (reconozco que justamente merecida) de ser tremendamente escrupulosa. Intentando buscar una explicación a esta peculiaridad he llegado a la conclusión de que es posible que se deba a mi capacidad de observar el mundo hasta el punto de percatarme de detalles que para otros son realmente imperceptibles. Hoy me he levantado dispuesta a inaugurar esta sección: en primer lugar para, si se me permite, intentar justificarme y de paso para compartir con vosotros esas pequeñas anotaciones de mi mente que me vuelven taruta, pero ¡ojo!: corréis el riesgo de convertiros (como yo) en personas especialmente "sensibles" al medio.

    No sé muy bien por qué pero el vestuario de un gimnasio es ese lugar donde todos perdemos el pudor y nos comportamos como si estuviéramos solitos en casa en la más absoluta intimidad (bueno, ese y el asiento de piloto de un coche mientras esperamos un semáforo en rojo, pero eso da para otra entrada...). 
    Hace un par de días llegó de la ducha una señora de unos 65 años con una toalla de dimensiones ridículas para su embergadura. Tras un insistente refregoteo por todos sus pliegues sacó un bote de desodorante en roll-on que paseó abundantemente por sus axilas, después por su hucha trasera y sí: bajó y bajó hasta que la hucha perdió su santo nombre, quedando atrapado el pobre bote entre las profundidades de sus nalgas. Pero no acabó aquí su recorrido sino que tras conseguir rescatarlo de su pliegue mayor se lo paseó por delante y por detrás de ambas orejas mientras me hablaba del tiempo con la mayor naturalidad del mundo. No sé cómo logré seguir la conversación, pero lo cierto es que no podía dejar de observar esa parte del moflete de su cara que brillaba húmeda de desodorante (mezclado sabe Dios con qué tipo de secreciones) en la que probablemente minutos más tarde se señalaría diciéndole a su nieto: "¿No le das un besito hoy a la abuela?"

    Sólo espero dos cosas: que esa señora no tenga un nieto besucón y que su nuera no la reconozca en esta publicación.

¡Pasad un buen día!

lunes, 16 de abril de 2012

La rana Lola

    Hace unas semanas tuvimos la suerte de tener en casa a Parlanchín, la mascota de la clase del enano, una marioneta con cara de niño bueno que se encarga de contarles cuentos y aventuras. Al ponérmela en la mano y advertir la cara de fascinación del pequeño salvaje empecé a dar órdenes (como buena madre que se precie) y me llevé la enorme sorpresa de que obedecía encantado. A Parlanchín sólo pudimos tenerle un día con nosotros pero esa misma tarde salí como una loca de tienda en tienda a buscar otra marioneta que me ayudara con esta difícil tarea de la doma salvaje. Aquí la tenéis: os presento a la rana Lola, mi fiel e inseparable aliada y elegida por supuesto a dedo por el protagonista. Mi familia me observa con cara de desconcierto cuando solicito su ayuda pero yo confieso públicamente que mi vida ha cambiado desde que Lola llegó.

viernes, 9 de marzo de 2012

De porcelana...

Hoy no quiero ser médico...
Hasta puede que no quiera ser ni madre...hoy no
Hoy me duele el alma...

Me derrito poco a poco. Me encantaría pensar que todo es un mal sueño. Me encantaría poder creer a ciegas en ese mundo espiritual que algunos dicen que existe. Ojalá...

No es posible que desaparezca alguien así de nuestras vidas, alguien tan pequeñito, alguien que lo inhundaba todo.

Todo mi amor a tus papas. Todo mi amor para ti.

Mundo feo...

miércoles, 4 de enero de 2012

Paseando a Fito

   

    Fito es el perro de mi hermana. Es un bulldog francés, muy cariñoso, muy juguetón y muy bruto. Aún sabiendo que es un buen perro (entiendase como que el animal sería incapaz de atacar a nada ni a nadie) a mí esa falta de previsibilidad me desconcierta bastante. Estas fiestas mi hermana me pidió el favor (con la boca pequeña) de que lo sacara un día a pasear, ante lo cual, me armé de valor y le dije que sí, que sin ningún problema. Un animalillo dulce y cariñoso de menos de medio metro de altura no iba a poder conmigo.    
    Con lo que yo no contaba era que el día d mi marido estaría de guardia y yo tendría que ir sola con mi salvaje a cumplir mi promesa. A la hora h estaba yo corriendo detrás del perrito, que iba como un loco de árbol en árbol tirando con una fuerza impresionante de una correíta de dudoso mecanismo y en la otra mano al artista de mi hijo que sólo quería soltarse e imitar al animal. Cuando parece que se calma y levanta la pata, mi pequeño salvaje me dice: "Yo tamién quiero hacer pipí en el árbol mamá" "No cariño, tú lo acabas de hacer antes de salir de casa" Pero ante la postura de desbordamiento inminente, con rodillas juntas y mano entre las piernas, decido no arriesgarme y bajarle el pantalón.
    Imagen: Mi pequeño salvaje con el pantalón por los tobillos sin quitar el ojo del perro que observaba la situación alucinado. Yo con la correa en una mano, de cuclillas con la falta de equilibrio que me caracteriza y con la otra intentando encontrar la dichosa colita para evitar que el niño se orine el pantalón. Pero para mi sorpresa, y por supuesto la de mi salvaje, cuando parece que la situación estaba controlada, Fito se abalanza sin compasión hacia tan preciado tesoro para el sexo masculino. Menos mal que tuve buenos reflejos y, tras un pequeño forcejeo que a mí me pareció eterno, conseguí frenarlo a tiempo orgullosa. ¡Un solo error y me lo deja cambiado de sexo en un segundo!.
Y es que como dice mi suegra, "una madre es una madre".