jueves, 30 de agosto de 2012

Me enamoran...

    ...sus ojos azules abiertos de par en par.
    Me hipnotizan cuando se clavan en los míos justo después de retirar milagrosamente su mirada de la tele.
    Me paralizo, y en esos momentos espero impaciente su pregunta...
 
    "Mamá, ¿por qué Heidi habla igual que la abeja Maya?"

    Me enamora. Todos los días.




jueves, 23 de agosto de 2012

Por la mirilla: observaciones en el autobús.



    Me encanta montarme en los últimos asientos del autobús (esos que saltan tanto) y observar la Españacañí que fluye por el vehículo.
    Hace un tiempo ya, me subí saliente de guardia a uno de ellos y a pesar de la dormidera que llevaba encima hubo algo que me dejó perpleja todo el viaje. Un señor mayor esperaba agarrado a la barra del fondo para bajarse y unos segundos antes de hacerlo comienza con un incómodo garraspeo que acabó con el arrojo de sus más íntimas secreciones bronquiales hacia el suelo del pasillo. Llegó a su parada y se bajó tan campante dejándonos allí en compañía de sus restos. Por supuesto todos cacareaban sus historias sin percatarse de aquello y en medio del bullicio una flecha de silencio atravesaba el autobús desde el suelo de aquel pasillo hacia mis ojos. Momento único e inolvidable que se cortó en seco cuando una señora, a la que su obesidad le impedía moverse con naturalidad, plantó encima del regalo una de sus bolsas de la compra. Ahora sí que no podría ni dar una cabezada. En unos segundos la pobre mujer encuentra dos asientos juntos, perfecto, uno para ella y el otro para dejar sus bolsas-sorpresa. En el suelo sólo quedaba un charco húmedo, resquicio de lo que yacía allí minutos antes... y mientras, las bolsas eran amablemente retiradas para que una joven con pinta de estudiante cansada tomara su "preciado" asiento. En esos momentos se arremolinaban en mi cabeza miles de pensamientos diferentes: "¿Les comento algo?" "¿Cómo se dice eso?" "A mí me gustaría que me lo dijeran...o quizás no..." Mi parada ¡por fin! Aquella noche ni las horas de vigilia que llevaba a mis espaldas me dejaron conciliar el sueño en un buen rato.
    Y esa es la razón por la que se me eriza el pelo al ver unas bolsas de la compra sobre una encimera de cocina o por la que nunca confío en la higiene de la culera de un pantalón vaquero.
    ¡Enhorabuena a todos los que hayáis conseguido leer hasta aquí! Me sois muy fieles, ¿eh?

viernes, 10 de agosto de 2012

¡Hoy la he vuelto a ver!

    


    Me parece que empieza así una canción de El Arrebato. Y es que hoy cuando entraba en el vestuario estaba ella,  en cuero blanco polar, húmedo aún de la ducha, sentada sobre el banco de madera... Y he pensado, pobre señora, si supiera lo famosa que es... ¿Sobre el banco de madera?¿He visto bien? ¿Y la mini-toalla? En su mano. No me he fijado bien... Sí, me he fijado bien. Nada separaba sus aposentos del pobre banco. La duda que me surgió en ese momento fue cómo sería la inminente separación de ambas materias:
1.- ¿Se quedaría pegada? ¿Necesitaría ayuda para levantarse?
2.-¿Se elevaría el mueble unos centímetros y luego caería formándose un estruendo?
3.- Y si el banco no se moviera del suelo... ¿Cuál sería el sonido del despegue?

     Me fui rápido de allí. No quise saber más.
    Ahora desconfío del pobre asiento y no sé cómo utilizarlo. Sólo me queda la tranquilidad de que la protagonista, al menos, tendría todos sus pliegues desodorizados...


Imagen tomada prestada a Fernando Botero.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Frases celebres de mi pequeño salvaje

    


    ¿Qué tiene mi niño feo porque yo no se lo veo? Es un dicho de mi tierra. Y así debe ser porque para todos los padres nuestros hijos son los mejores del mundo. Eso me pasa a mi con mi pequeño salvaje, que a pesar de ser un auténtico polvorilla y tenerme agotada, cuando llega la noche y se queda dormido me parto de risa acordándome de sus ocurrencias diarias. Si me dice estas cosas con a penas tres años, ¿qué será de mi cuando tenga 15? Algunos ejemplos:
   
    "Cariño ¿cuándo vas a empezar a portarte bien?" "Mañana mamá, hoy no, mañana, ¿vale?"

    "Ay mamá, sigue recogiendo tú sola los juguetes que a mí me duelen las rodillas hoy"

    "¡Mira, si sigues saltando en el sofá tiro la rana Lola a la basura!" "Está bien mamá, tírala que yo voy a saltar un ratito más, ¿vale?"

    "Te voy a dejar en el baño pensando... hasta que te portes bien, y no sales a comer hasta que no pidas perdón." Cinco minutos más tarde abro la puerta y me lo encuentro sentado en su váter con el taburete sobre las piernas. "A ver...¿qué has pensado?" "Que yo puedo comer aquí muy bien, mamá."

    "Es que, mi amor, papá y mamá te queremos mucho. ¿Y tú?" "Pues yo también quiero mucho a mi amiga Amelia" 

    Su padre encerrado en el cuarto de baño: "Papaaaaaá, abre la puerta" "No, cariño ahora no puedo abrir" (agravando su voz de 3 años recién cumplidos) "Pues soplaré y soplaré hasta que la puerta derribaré"

    "Mamá mira: debajo del pito tengo dos tentáculos"

    "Mamá yo quiero ser trompetero" "Ya me lo temía yo..."

    Vino un primo mío de visita y él entusiasmado le mostraba toda la casa: "Este es mi cuarto, esta mi cama, este es el cuarto de baño de mis papás, aquí, en esta báscula me peso yo y en este váter hace caca mi mamá"

Continuará... muy a mi pesar.

¡Feliz día!

viernes, 3 de agosto de 2012

En algún lugar de Extremadura...



  
    Necesito encontrarme con él, y aunque a veces me parece sentirlo en otros lugares, sólo hay un sitio donde sé seguro que estará en su estado más puro. Me encanta adentrarme hasta allí con el coche y en medio de ese mar amarillo apagar el motor, bajarme, abrir la cancela, quitarme la ropa y sumergirme hasta la cintura en el agua helada. Entonces me apoyo en el borde de la alberca y cuando el agua se calma llega él: me envuelve, me acaricia, me asusta...

    Sólo allí me encuentro con el más absoluto silencio.

   Y cuando me abraza mi mente se eleva y vuela...  y me lleva hacia atrás, al pasado, y vuelvo a recordar momentos en el mismo escenario, cuando era una niña, cuando estaban los que ya se fueron. Y el silencio me trae sus voces y mis risas...
    
    Y le doy las gracias.

    Sumergo mi cabeza en el agua helada y me escapo de allí sin querer volver al ruido. Pero prometo volver.

    Y sé que lo haré... porque necesito encontrarme con él.