miércoles, 26 de septiembre de 2012

Anastomosis uvera

   


    Por el hecho de ser internista he tenido que hacer miles de cosas diferentes en mi trabajo pero nunca pensé que acabaría haciendo una intervención quirúrgica a una uva. Y es que esta mañana mi pequeño salvaje lloraba desconsolado porque su insensata madre había osado arrancar literalmente una uvahijo de la rama donde vivía con sus papás (menos mal que la alarma de su llanto se disparó antes de que me la comiera). El disgusto ha sido tal que tras revolver sin éxito el frigorífico en busca de algún otro espécimen de la misma familia, me he visto obligada a hacer una reinserción del miembro amputado. Me ha costado lo mío pero ha merecido la pena por ver esa sonrisa de oreja a oreja sobre su cara llorosa.
    Sólo espero que la familia uva sea olvidada antes de convertirse en mosto, porque de la resucitación vegetal no aprendí nada en la carrera...

jueves, 20 de septiembre de 2012

No me acostumbro...




...a tener que ayudar a partir. Es una lección que tengo pendiente.
...a ser espectador de despedidas entre seres que se aman con locura.
...al dolor ajeno.
...a la enfermedad fulminante, a la larga y cruel.
...a comunicar noticias terribles e inolvidables.
...a soltar manos.
...a cerrar ojos.
...a ayudar a morir.


A todos los que volaron antes de tiempo,
siempre en mis recuerdos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Fantasía de panchito




    Un panchito es la especialidad de una heladería artesana de mi barrio: sumergen una bola de helado en chocolate negro caliente. El resultado me quita el sueño y es que el chocolate es uno de mis vicios confesables. Por eso me llamaba bastante la atención ir a alguna sesión de esas que están de moda y que se engloban bajo el nombre de chocolaterapia.
    El día elegido esperaba impaciente en una habitación a media luz, con hilo musical, ataviada con un tanguita ridículo de papel al que intentaba ignorar, la llegada de la señorita que me iba a ayudar a cumplir uno de mis caprichos más deseados. Muy jovencita pero muyyyyyy habladora me embadurnaba en una crema negra con olor a chocolate mientras me contaba todas las propiedades beneficiosas del que para mí es el verdadero oro negro. Cuándo más encantada me encontraba, sintiéndome cual Cleopatra en leche de burra, me sorprendió la catástrofe. "Ahora te vamos a dar calor para que el chocolate penetre bien por todos tus poros" Partimos de que no me gustó mucho esa frase, pero en esos momentos una está entregada (yo creo que el tanga contribuye, te roban la autoestima y así te manejan a su antojo). Enchufó una especie de colchón de agua y cuando estaba a 1000ºC me envolvió en él y se fue apagando la luz: "Relájate que yo vuelvo en un ratito". Y me plantó allí en la circunstancia más ridícula que alcanzo a recordar: hecha un capullo y sudando como un pollo de feria. Intentaba entretener mi mente pero no dejaba de pensar si ese colchón de agua enchufado a la corriente era lo suficientemente seguro. Cinco minutos más tarde mi atención se centró en mi piel. He tenido varias urticarias en mi vida y reconozco ese picor en cuanto empieza. Y no, no me podía mover porque la media tonelada de agua caliente que tenía encima me impedía hasta pestañear. Se me hizo eterno el "ratito". Cuando volvió a entrar la jovencita se me saltaron dos lágrimas de alegría. Recordaré esas palabras toda la vida: "Ahora te vas a dar un bañito para retirar todo el chocolate." Yo del chocolate ni me acordaba, sólo quería que me quitase esa losa y salir corriendo. ¿Penetrar? A esa temperatura nos hemos aleado, bonita. Al empezar a retirar la cataplasma que se había formado comenzó a asomar el sarpullido que recorría todo mi cuerpo cual varicela florida. A la jovencita se le descompuso la cara (y probablemente algo más): "Ay madre mía, ¡mira cómo estás! Esto es la primera vez que me pasa." ("No me lo creo, ¿de veras no se ha muerto nadie ahí dentro querida?") Ante la insistencia de llamar a un médico intenté tranquilizarla diciéndole que yo lo era y que no me iba a morir (sólo necesitaba salir de allí y ducharme con agua fría lo antes posible).
    Mi marido todavía se está riendo de mi. Menos mal que la mala experiencia no me ha impedido seguir derritiéndome por un panchito helado en las tardes de verano.

martes, 4 de septiembre de 2012

Cerrado por vacaciones

    

      Disolventes o aire corriente. Anilinas o tomates sin toxinas. Aguarrás o agua de mar.
    Está claro qué es lo que conviene a la nueva vida que ha empezado a crecer en mí. Al recibir la buena noticia mi mente me arrastra a repasar las futuras e irremediables renuncias. Nadie se imagina cuánto me va a costar alejarme de este mundo de aceites y colores. El óleo ordena mi mente. Es mi cajita de lágrimas. Mi ventana a la evasión. Mi inyección de serenidad. 
   
    Mi pasión. Mi refugio. Mi secreto.

    No sé si lograré aguantar mucho tiempo sin él.
    Pero sé que pase lo que pase me esperará, me será fiel.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Manos arriba




    Hace unos días curioseaba por las ventanas observando las actividades guiadas del gimnasio intentando ser seducida por alguna. "..A ver: mujeres mayores que yo, una monitora con cara dulce y unas pesas pequeñitas: ...Miembro superior ¡Perfecto! ¡El próximo día me apunto!"

    Y allí estaba yo el día en cuestión, llegando cinco minutos tarde (para variar) y con la lengua fuera. Vistazo rápido por la ventana, Miembro superior... aquí es, hay hueco en el medio...abro la puerta aceleradísima e intentando no hacer ruido, cojo las pesas más pequeñas y tras caerse rodando (¡las dos!) por el medio del aula ("¡Por favor! parezco un elefante en una cacharrería") intento colocarme haciendo uso de la poca discreción que me caracteriza. ("Ajá, dentro de unos minutos nadie recordará mi entrada triunfal"). Como buena extremeña todo lo adorno con refranes, así que alládondefuereshazloquevieres, barrido visual alrededor ("¡Horror! Pero si sólo hay forzudos, esto... ¿dónde están las jubiladas de la semana pasada???") Mientras intento disimular mi angustia noto unos ojos clavados en mí...(" no puede ser...") con su uniforme negro y su sonrisa blanqueada... otra vez:  Ilde.
    - "Hombreee"
    - "Hola" Sonrío ("no entiendo el tonito de hombreee")
    - "¿No será tu primera clase de miembro superior?"
    - "Sí"
    - "Pues en menuda sesión te has metido. Te vas a morir. Jeje".
    Sonrío más e intento hacer los ejercicios sin inmutarme. Ahora sí que no me podía ir. Era una cuestión personal, no sé si contra mis brazos o contra él, pero después de mi llegada no podía irme otra vez a no ser que tuviera claro el cambiarme de gimnasio.
  
     - "¡Vengaaaa! ¡Al suelo!" Grita el verdugo.
    - (¿Al suelo, pero esto no va de levantar pesitas?)
    -"Pectoraleeees"
    - (Eso en mi pueblo son flexiones)
    - "... 3, 2, 1, ¡Arriba otra vez!"
    - (¿Otra vez? ¡Si yo no había terminado de tumbarme!!!)
   
    Me sentía una Olivia rodeada de Popeyes pero descubrí el secreto para no morir: te levantas y te sientas despacito y así vas perdiendo la mitad de cada serie. Esto está tirado...

    Quince minutos más tarde no pensaba lo mismo. Siento una voz a mi vera.
    - "¿Estás bien?"
    - "Sí, claro." (Es un pregunta irónica o qué)
    - "¿Seguro?"
    - "Sí." ("¿Por qué me insiste? ¿Se notará que me tiembla la pesa al flexionar el brazo?")
    - "Creo que mañana te vas a acordar de mi."
    - "Jeje." (Si hubiera podido le hubiera dado con la mancuerna en la cabeza pero no podía levantarla)

    Al final, tras los cuarenta y cinco minutos más largos de mi vida, tuve que recurrir a mi excusa estrella: "Me voy, esquetengounacaderaoperada y no quiero sobrecargarla" Lo que acentuó aún más su media sonrisa. Lo sé. Fue humillante. Pero era cuestión de supervivencia.

     En una cosa se equivocó mi querido Ilde: cuando sonó el despertador a la mañana siguiente no me acordé de él: me acordé de su madre.