lunes, 18 de abril de 2016

Un tarde cualquiera en natación

     



       Sucede que una tarde cualquiera de mi vida voy a natación con mi bendita (cada vez menos bendita) y el pequeño salvaje (cada vez menos pequeño). Si estamos de suerte y esa tarde y estamos mi santo esposo y yo disponibles, el momento ducha puede llevarse a cabo en el gimnasio. Si no, por experiencia carnal, es preferible esperar a llegar a casa donde el terreno es familiar y podemos luchar ducharlos con más eficacia. 

      En esta tarde cualquiera las toallas están cambiadas.
      La de Peppa Pig en la mochila del pequeño salvaje (con su padre en el vestuario masculino) y George en la mochila de mi bendita. Se da la circunstancia de que la susodicha princesita tiene los ovarios pétreos y del tamaño de un huevo de avestruz, por lo que si se tuerce por un casual se transforma en Lola Flores y sin darte tiempo a reaccionar comienza el rasgado de vestiduras. 

      Pensamiento maternal: Debo ignorar la pataleta hablando tranquilamente para intentar que se calme sin dejarne llevar por la frustración y jamás le concederé el capricho (entre otras cosas porque no puedo entrar en el vestuario masculino; si no, este paso me lo salto seguro).  

      Pensamiento de mi bendita: Si me tiro recién duchada al suelo en la ducha del gimnasio, con un charco lleno de pelos y espuma, verás como mi neurótica madre me hace caso. 

      Y vamos que si se lo hago. 

    Toalla de George a la barbilla y niña pataleando y gritando cual cochino el día de su San Martín para evitar ser secada. En ese momento de agitación se conoce que lo único que ve la dulce criatura a mano para agarrarse es el tirador del grifo de la ducha justo cuando su paciente y vestidadelacabezaalospies madre se encuentra debajo. Ella ni se percata ya que está concentrada en su lucha. Yo al sentir el agua fría en la cabeza sí. Y en los hombros, y en las piernas... 
      
      Resultado: salgo con la niña retorciéndose en brazos, con la toalla de George en el sobaco y con cara de pescaílla a continuar con el forcejeo ante la atónita mirada del resto del personal. Lo único que no se me ha mojado en esta tarde cualquiera han sido los zapatos de deporte porque muy inteligentemente te dan unos papis verdes para proteger el calzado cuando entras vestida. 
     
       He tardado un buen rato en poder hablar de esto con mi santo esposo y un rato más en quitarme camiseta y pantalón vaquero como si de un papel de magdalena de tratase. 

Continuará...

5 comentarios:

  1. Pobre mía... Es verdad que esa bendita niña tiene carácter, lo cual a la larga es magnífico, pero comprendo que a la corta y mientras no crezca un poco más es un poquito menos magnífico :-) Felicidades por la expresividad del relato, es como si os estuviera viendo a las dos... Un beso.

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    1. Habrá que limar el diamante un poco, para que no arañe.

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  2. Só posso dizer que as crônicas são estupendas. É impressionante como, em toda parte, os supermercados são iguais. Quanto a natação, não posso dizer nada que se pareça à experiência do seu relato primoroso.
    Grande abraço

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