miércoles, 20 de abril de 2016

Una tarde cualquiera en el supermercado...




      Sol, parque, momento álgido de actividad y de vuelta a casa la menda puede decidir parar en un supermercado, ¿por qué no?
      Mientras buscamos aparcamiento mi cerebro femenino escanea todos lo detalles a kilómetros a distancia: salidas de emergencia, puertas automáticas, un señor mayor indigente que se escarba en la nariz con su mano derecha y se extrae un espécimen de metro y medio mientras sostenía su cartelito con la otra mano ($%+¨¿¨_&?*)... 
      
      Dentro del supermercado nuestra experiencia obliga a que el padre de las criaturas se quede conteniendo a los enérgicos mientras yo corro comoalmaquellevaeldiablo por los pasillos para acabar cuanto antes la hazaña sin ser reconocidos de por vida como clientes non gratos. 

      Puedepasarypasa que el pequeño salvaje confiese al llegar a la caja que cuatro cosas las ha echado él sin preguntar o que se empeñe en probar como capta el infrarrojos los códigos de barras y para ello pase los chicles cuatro veces mientras paga la señora de alante (que por cierto se llevó un tiquet kilométrico debido a las múltiples anulaciones). Y también puedepasarypasa que le indique a la bendita en qué botón rojo (debajo de la caja registradora) se apaga la cinta negra por lo que de golpe dejen de funcionar las cajas contiguas y tengamos que correr a sacarlos de debajo. 

      Y cuando están todas las bolsas en el maletero, una al fin se relaja en el coche observando plácidamente cómo padre e hijos dejan el carrito en su sitio y se acercan al anciano de la puerta para darle la moneda (¡que monos!).  Y puedepasarypasa que el hombre agradecido empieza a chocar la mano obrera con los dos pequeños (mocopauno y mocopaotro) por lo que se activa el mecanismo maternal  buscador de toallitas y/o solución alcohólica por el coche y salgo haciendo aspavientos para que se dieran prisa en volver, pero más prisa se dio la mano del pequeño salvaje para meterse en su boca tranquilamente mientras caminaba, dejándola sin un solo germen que limpiar.

      Lo sé. En este cruce de flora es probable que tenga las de perder el anciano. Y que los niños así se inmunizan. Pero la que no me inmunizo soy yo por lo que creo que salvo catástrofe no volverán a un supermercado probablemente hasta que los que conduzcan sean ellos.

Imagen de aquí. 

1 comentario:

  1. ¡Madre mía...! Pero míralo por este otro lado bueno, muy importante para tu faceta de escritora: tus dos benditos-salvajes son fuente inagotable de inspiración, te proporcionan material para el blog, y a tus lectores nos proporcionan muy buenos ratos. Ánimo.
    Por cierto, yo debo tener mentalidad masculina porque desde luego no escaneo como tú :-;

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